Caminos del este

De Mapa

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Tabla de contenidos

Introducción

La presente guía tiene como objetivo dar a conocer los pueblos, valles y montes al Este de la ciudad de Granada. Para ello, invita al recorrido de este territorio mediante la descripción de catorce caminos, muchos de ellos todavía intactos, que heredamos de nuestros antepasados y que, estando integrados en su entorno, fundamentalmente lo vertebran uniendo los diferentes pueblos, barrios y pedanías del lugar.

Los caminos al Este de la ciudad de Granada son itinerarios que nos muestran desde muchas perspectivas un paisaje muy particular, así como pequeños detalles que tenemos cerca: los distintos tipos de plantas silvestres que nos rodean, cultivos de los hortelanos y labradores de las vegas de los ríos Genil y Darro, los diferentes sonidos y silencios, la orografía, las distancias entre las distintas poblaciones, las calidades del aire y los diversos olores, cómo es el suelo no urbanizado, los lugares por donde discurren los ríos y acequias, etc. En definitiva, estos senderos nos muestran muchos detalles del entorno que habitamos, al mismo tiempo que nos permiten disfrutar de un agradable paseo accesible por su cercanía y lo suficientemente distante de la ajetreada vida cotidiana. Pero también nos muestran, si no lo evitamos, el posible avance del asfalto y del hormigón. Caminando por ellos se toma consciencia de las profundas transformaciones que se darían en nuestro paisaje y en nuestra forma de vida: los pueblos del Este ya no serían reconocibles como tales y se parecerían más a grandes urbanizaciones dormitorio de la capital llenos de gente que no se conoce entre sí, y que no siente ningún apego al pueblo donde vive.

Conocer y experimentar el uso de este territorio como parte de nuestra vida es una de las experiencias imprescindibles para poder defenderlo de las agresiones irreversibles que sufrirían los pueblos, montes y valles del río Genil, Darro y Beiro. Esto podría ocurrir si se llevasen a cabo los proyectos de la autovía Ronda Este, el desdoblamiento de la calzada de la carretera de la Sierra y los planeados crecimientos urbanísticos asociados a estas infraestructuras.

Nadie es ajeno a las transformaciones ocurridas los últimos años hacia el sur, el norte y el oeste de la ciudad de Granada: la extensión del área metropolitana sobre los pueblos cercanos a la capital. El incremento en la necesidad de desplazamientos que este modelo nos ha impuesto ha deteriorado nuestra calidad de vida por el aumento de las distancias medias de obligado recorrido y los cuellos de botella en las entradas y salidas de la urbe y otras grandes poblaciones del entorno.

La Primera Circunvalación y la Ronda Sur son ejemplos muy cercanos de las consecuencias sobre el territorio que llevan aparejadas la construcción de autovías alrededor de la ciudad. Estas autovías representaron la pieza imprescindible para la extensión del negocio de la especulación del suelo y la vivienda en todas las poblaciones a las que dan acceso, configurando el área metropolitana con ingredientes característicos: pueblos dormitorio y urbanizaciones. Por lo tanto, estas autovías no eran imprescindibles para las necesidades cotidianas de las personas en aquél momento, sino para la planificación especulativa sobre el entorno. Sin embargo, una vez construida y creados los nuevos núcleos de población, no hay vuelta atrás: la autovía ha transformado el territorio y la relación humana con éste de forma irreversible.

El territorio ocupado por la implantación de las urbanizaciones y las infraestructuras para el transporte que le dan acceso imposibilita seguir usándolo y disfrutándolo como hasta entonces. Las actividades que podrían haber seguido desarrollándose en ese lugar, muchas de ellas de gran arraigo y valor cultural, son sustituidas por otras que corresponden a un modelo de vida sin relación con el vecindario ni el entorno cercano, pasando a convertirse el territorio en un mero lugar de paso encauzado por las carreteras hacia los lugares de consumo y trabajo. Esta intervención sobre el territorio ha condicionado una forma de vida sin vínculos vecinales, completamente desarraigada y condenado al olvido las relaciones sociales, el legado cultural y el paisaje anteriores a estos cambios. En este nuevo contexto, donde lo que era cercano ahora está lejos, lo alejado (a través de la autovía) es el destino cotidiano y el entorno que se atraviesa es irrelevante, resulta sencillo convencer de la necesidad de nuevas autovías a la población a través de los medios de comunicación de manera insistente con el argumento de aliviar el tráfico, facilitando la consecución de los intereses de las empresas del sector y gestores del territorio.

El diseño de una autovía de estas características está condicionado por los poderes económicos que encauzan, hacia los lugares que les resulta más beneficioso, los movimientos de la población. Esta gran infraestructura es el pilar del crecimiento urbanístico especulativo y se convierte en columna vertebral entorno a la cual se asientan los grandes centros de consumo y servicios de toda la zona, asegurando el colapso permanente de vehículos, lo cual, evidencia la invalidez del argumento mediático por el que se justifica su construcción (aliviar el tráfico). Como podemos observar, la Primera Circunvalación ha producido un incremento en el número de vehículos y de su uso, porque ha supuesto un aumento en las necesidades de desplazamiento y las distancias a recorrer.

El crecimiento urbanístico asociado a la creación de autovías alrededor de la ciudad (además de crear una mayor dependencia hacia el uso del coche perjudicando la calidad del aire, aumentando la contaminación acústica y el número de accidentes) supone también la impermeabilización de grandes superficies de suelo, creando escorrentías, problemas de drenaje (que en ocasiones pueden ser peligrosos) y malogrando el suelo fértil irreversiblemente. Además, se hace necesaria la explotación masiva de recursos naturales, proliferando las espantosas canteras por todos los alrededores, aumentando el impacto paisajístico y dañando los ecosistemas. Las administraciones, aun siendo responsables de la construcción de las infraestructuras necesarias para el negocio especulativo, tienen la poca vergüenza de exigir responsabilidad y conciencia ecológica en el uso de los recursos a la población desplazada a los nuevos núcleos dormitorio, los cuales, por su propia ubicación y características, requieren un aumento del suministro y consumo energético y de agua. Para ello es necesario crear nuevas centrales eléctricas y subestaciones, aumentar el cableado de alta tensión, construir nuevas redes de distribución de agua, así como depuradoras, etc. haciendo que las reservas de agua se agoten más rápidamente. Las empresas multinacionales que suministran estos recursos se convierten en un agente más de presión hacia las administraciones que influyen decisivamente en la planificación urbanística por su propio beneficio.


  • ZONA ESTE


Tras materializarse las urbanizaciones sobre las laderas del valle del río Genil propiciadas por la Ronda Sur y los Túneles del Serrallo, las amenazas urbanísticas tocan con fuerza la puerta de la zona Este, siendo un estímulo económico excelente para los altos cargos de la política local. 

La Junta de Andalucía, con el proyecto de la Ronda Este y el desdoblamiento de la calzada de la carretera de la Sierra, obedece a las presiones de las grandes multinacionales de la obra civil. En caso de que permitamos que se lleven a cabo, estos proyectos serían sufragados con nuestros bolsillos. Además, son el requisito imprescindible para el negocio de los adinerados señores del sector de la especulación del suelo y la vivienda, previa recalificación del suelo por parte del Ayuntamiento de Granada (desde Haza Grande hacia Huétor Santillán y desde Casería de Montijo hacia Víznar). Así mismo, abrirían una brecha en el territorio que supondría una planificación urbanística de futuro que acabaría con su identidad cultural y paisajes: aumentaría la presión especulativa sobre el Sacromonte y el valle del río Darro, debido al previsto enlace Fargue-Sacromonte; acabaría urbanizando todo el valle del río Genil hasta Pinos; y permitiría que la desmesura urbanizadora alcanzara a los pueblos todavía conservados como Beas, Quéntar y Dúdar, debido al proyecto de la ampliación de la carretera Beas-Quéntar-Dúdar-Cenes entre la A-92 y la prevista Ronda Este.

No solo modificarían el territorio en beneficio de estos enriquecidos señores, sino que además, impedirían irreversiblemente que siguiéramos viviéndolo, usándolo y disfrutándolo, como hasta ahora hemos venido haciendo: senderistas, ciclistas de montaña, pescadores, cazadores, agricultores, ganaderos, pastores, vecinos de los pueblos y barrios, así como, los que disfrutan de Jesús del Valle, las personas que acuden al Llano de la Perdiz en sus ratos de ocio y quienes caminan o hacen deporte por el Paseo de la Fuente de la Bicha… todos seremos expulsados, desplazados y/o expropiados de forma miserable, simplemente, por el interés económico de las empresas del sector de la especulación del suelo que, finalmente, acabarán vendiéndonos las innecesarias nuevas viviendas de pésima calidad a precios desorbitados.

Cuando las administraciones y las empresas interesadas plantean la construcción de esta autovía, primeramente utilizan los medios de comunicación para insistir cotidianamente de la necesidad de esta infraestructura con argumentos sesgados hacia su propio interés. Una vez publicado el proyecto, la información técnica del trazado que aparece en estos medios es escasamente difundida y no incluye los procesos urbanísticos asociados ni el impacto ambiental. El impacto social ni siquiera entra en consideración. En estas condiciones la población no es consciente de los proyectos que modificarían el territorio. Una vez que conoce la envergadura de las transformaciones previstas no hay tiempo ni se generan espacios para pensar, debatir y reaccionar y, menos aún, para decidir, ya que la Junta de Andalucía se vale de un proceso en el que sólo se pueden interponer alegaciones (plazo de un mes) donde no hay cabida para discutir la necesidad del proyecto.

Esta guía de caminos permite el conocimiento verídico, no sesgado y tangible de lo que hay y nos permite ver con bastante claridad las amenazas. El conocimiento de primera mano de la propia tierra nos proporciona un sentido de la realidad autónomo y libre de los efectos parciales de la prensa. Y esta toma de contacto con el campo, de lo que realmente es nuestro mundo cercano y en lo que podría convertirse, inexorablemente lleva a un sentimiento de arraigo y protección, y también a una identificación de las intenciones de quienes y cómo, actualmente, deciden sobre nuestros campos.

Cuando la gente que usa este territorio se entera de los proyectos que le amenazan se siente indefensa, no sabe como articular políticamente su rechazo, no tiene herramientas ni tradición política como para organizarse y decidir sobre el espacio que usa. Este déficit no se suple con la delegación política por vía electoral. Por lo tanto, es imprescindible generar un tejido organizativo que permita debatir, decidir y actuar políticamente sobre el territorio que habita.

Mapa

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Descripción de los caminos


Descripción del entorno

El entorno donde se sitúa la ciudad de Granada ha ido siendo absorbido por ésta a lo largo de los siglos, y de manera acentuada en las últimas décadas. Pareciese como que lo que se extiende más allá de los límites de la urbe solo fueran metros cuadrados de terreno a la espera de ser engullidos por la lengua de asfalto, ya sea para ampliar los núcleos urbanos o para conectarlos entre sí. Pero cuando hablamos de entorno natural queremos ser conscientes de que se trata de ecosistemas complejos con unas características determinadas, y compuestos por seres vivos y las interacciones que se dan entre ellos. Aunque consideramos que, más importantes incluso que estas relaciones, son las que se establecen entre este medio y las gentes que lo habitan y disfrutan, porque es donde se mueven, viven, comen, beben y respiran; y sobretodo le dan vida porque son conscientes de su interdependencia. Es por esto que cuando las personas se ven desprovistas de estos vínculos fundamentales el entorno pasa a ser un mero espacio de tránsito, recreo o contemplación, alejado de cualquier conexión real.

Partiendo de esta idea, es desde donde queremos acercarnos a conocer cual es el entorno que se ve afectado por la proyección de la Ronda Este Metropolitana y el desarrollo urbanístico que conlleva. Para ello, aunque sea de forma muy parcial, daremos algunas ideas sobre los usos tradicionales del terreno y la vegetación asociada, así como una aproximación a la fauna que encontramos. Porque entendemos que valorar algo pasa necesariamente por conocerlo.

NOS MOVEMOS...

Desde Granada, y hacia el este, parten desde antiguo diversos caminos que se dispersan para conectar la ciudad con otros puntos de la geografía. Quizá uno de los más transitados fuese el que llevaba a Guadix. Este itinerario parte desde el propio Camino de Beas, para dirigirse al pueblo de Huétor Santillán, atravesando antes Beas de Granada, que nació ya en época romana siendo lugar de paso de comerciantes (su nombre de hecho significa “camino”). Hasta Dúdar llega otro sendero que comienza en Beas de Granada y corre paralelo al arroyo Belén, pasando por el Cortijo de Belén, Llano de la Perdiz y Jesús del Valle hasta llegar a Granada (en él aún se sigue celebrando una romería). Por Cenes de la Vega pasa a su vez la ruta conocida como Camino Real, que unía Almería con Granada por tierras del interior y que fue una de las vías de comunicación más antiguas de Al-Andalus.

Para el traslado de ganado atraviesan también esta zona varias vías pecuarias: la vereda del Barranco del Abogado y la de la Cuesta de Cantalobos; la colada del Fargue, que sale desde el Llano de la Perdiz y cruza el río Darro hasta llegar a El Fargue, para luego volver a Granada por el cerro de San Miguel; o el cordel de la Fuente Grande, que discurre en paralelo al río Beiro.

VIVIMOS...

Es ampliamente conocido el uso de cuevas como alojamiento por los habitantes del barrio más al este de la ciudad, el Sacromonte. Pero esta tipología se extiende también a otros pueblos de la zona. Como Cenes, donde existen asentamientos en cuevas practicadas en las medias laderas de los barrancos. O Dúdar, en donde en las laderas de los cerros que rodean al pueblo, iniciales huecos que servían de refugio al ganado, se fueron habilitando como viviendas y, aunque llegados los años sesenta se abandonaron, actualmente se conserva el original uso como cuadras. Aprovechamiento también muy común a lo largo de los montes del entorno.

COMEMOS...

Aunque la recolección de frutos, setas y plantas aromáticas y medicinales es sin duda uno de los principales beneficios que podemos obtener del entorno, la vegetación propia de la zona aporta también combustible (leña), madera para construcciones o ebanistería, pastos y fibras vegetales (de sauces, cañas y esparto).

El bosque mediterráneo es la formación primitiva de la zona, que se ha ido viendo reducido desde los época romana con el florecimiento de la agricultura o más recientemente por la deforestación para la construcción de barcos y obtención de leña. Las especies propias de la vegetación arbórea son: encina (la bellota se emplea en la alimentación humana asadas o para elaborar pan y como alimento del ganado porcino, su corteza se ha utilizado para curtir cueros y su madera es excelente para fabricar carbón y como leña), quejigo (con aprovechamientos similares a la encina), coscoja (su madera para leña o picón, su corteza para curtir cueros y como astringente, y también se utiliza una cochinilla que se cría en ellas para obtener el tinte rojo carmesí, muy apreciado en época romana), castaño (la castaña también es consumida por el ganado y la caza; y su madera, parecida a la del roble, su usa en carpintería).

Sin embargo, la masa forestal que predomina en esta zona procede de repoblaciones con especies de coníferas de crecimiento rápido: pino laricio, pino pinaster (su madera se utiliza para tablones, traviesas de ferrocarril y cajas, sus piñas para encender fuegos en las viviendas, y las resinas para obtener aguarrás), pino silvestre (su madera es apreciada en ebanistería, carpintería, construcción y fabricación de barcos), pino carrasco (de su resina se obtiene trementina, la corteza se utiliza para curtir y su madera para traviesas de ferrocarril y cajas), pino piñonero (además de proporcionar piñones, sus tallos tiernos tienen propiedades balsámicas), pinsapo, cedro de Atlántida, del Líbano y del Himalaya (sus maderas son empleadas en construcciones y para traviesas de ferrocarril), ciprés de los cementerios (para la construcción de barcos), ciprés de Arizona (su madera es excelente para la construcción de guitarras) y ciprés macrocarpa (utilizado en jardinería).

La vegetación arbustiva y de matorral se encuentra dominada por: enebro común (de la destilación de sus frutos se obtiene la ginebra y sus frutos tienen propiedades medicinales, también se utiliza para la fabricación de barniz de escribir), sabina negral (muy apreciada en carpintería y ebanistería), espino majuelo (como patrón para injertar perales y nísperos, melífera y sedante, con una madera muy dura), endrino (sus flores tienen propiedades laxantes y su fruto astringentes), madroño (la corteza y las hojas se emplean para teñir), retama negra (diurética), retama sphareocarpa (de leña dura y resistente, sus ramas y flores tiene propiedades diuréticas y laxantes, y a los nódulos de sus raíces se les atribuyen propiedades medicinales), madreselva (ornamental), serbal común (proporciona frutos comestibles y madera), mostajo (fruto con propiedades expectorantes y madera utilizada para mangos de herramientas), durillo (con propiedades medicinales, está recogido como especie vulnerable en el libro rojo de la flora silvestre amenazada), cerezo de Santa Lucía (utilizado como patrón de cerezo, de sus ramas jóvenes se fabrican pipas de fumar, su madera es apreciada en marquetería y ebanistería y de los frutos se obtiene un colorante), jaguarzo (proporciona leña, muy apropiada para los hornos de pan), aulaga (como leña para hornos y para teñir de amarillo la lana evitando que sea atacada por polillas), esparraguera (asociada también al olivar), esparto (las fibras de las hojas se utilizan para elaborar papel, canastas, cuerdas, alpargatas, esteras, sombrillas...), gayomba o retama de olor (con propiedades medicinales, de ella se obtienen hilos, cuerdas y telas; también se utilizaba para cestería, como tinte y perfume), gayuba (diurética) y jaras.

Asociadas a los márgenes de los caminos y terrenos baldíos, aparecen plantas como lechetrezna (antiguamente usada para eliminar callos y verrugas, y la semilla y la raíz como laxante), y trébol o higueruela (utilizada como cicatrizante y para teñir de azul las fibras). Nos encontramos también con especies características introducidas para evitar la erosión del terreno: pita (para la obtención de fibras con las que fabricar cuerdas y tejidos bastos, las hojas para alimentar al ganado o para lavar la ropa de luto, y su madera con múltiples fines) o chumbera (los chumbos se usan como antidiarreico y las palas como alimento para el ganado y como cataplasma contra el dolor).

En los barrancos o arroyos y en las riberas de los cauces que cruzan la zona podemos distinguir: sauce cambruno (su corteza se utiliza como febrífugo y las ramas como alimento para el ganado cabrío en ramoneo), mimbrera (las ramas jóvenes para trabajos de cestería y la madera para mondadientes, cerillas o para afilar cuchillos), olmo (su madera es apreciada para la construcción naval, postes y antiguamente para conducciones de agua; y las hojas como alimento para el ganado), álamo blanco (su madera se utiliza en pavimentos y para fabricar papel), chopo común (el uso principal de su madera es para tablones, cajas y pasta de papel; las ramas como alimento para el ganado; y las yemas con propósitos medicinales) y zarza (el fruto es comestible y sirve para teñir lana, y los tallos para alimentar al ganado).

Hay una franja, a lo largo del barranco del Teatino, donde predomina la flora asociada a condiciones extremas de suelo y humedad (rupícola). Esta vegetación está dominada por líquenes y musgos, aunque también podemos encontrar zamarrilla, culantrillo de pozo, alfileres de monja, matagallo (usado para lavar utensilios), rosal silvestre, nardos, orquídeas, torvizco, zarzaparrilla, garbancillo, alcaparra (también la encontramos en olivares) u oreja de liebre (utilizada como mecha para los candiles).

Uno de los beneficios que nos reporta el entorno es la obtención de numerosas plantas aromáticas y medicinales ampliamente conocidas: espliego o alhucema (para la elaboración de perfumes y vinagre, como calmante y antiséptico y para ahuyentar insectos y polillas), zamarrilla blanca (tónica, estimulante y diurética, para el reuma y las mordeduras de serpientes), salvia (bactericida, cicatrizante, antidiarreica y para regular la menstruación), romero (estimulante, antiespasmódico y diurético), crujía (se prepara un ungüento, junto con zahareña y raíz de palomino, para curar las heridas de los animales de carga), ruda (reumática, sudorífica y abortiva), zahareña (digestiva y antiinflamatoria), tomillo común y aceitunero (tónico, digestivo y antiséptico), mejorana (tónico estomacal, como condimento y para obtener perfume; excelente para la obtención de miel junto con espliego, romero y tomillos), malva (calma la tos), ruqueta (estimulante y diurética), jaramago (para combatir ronquera, catarros y tos), bolsa de pastor (para regular el flujo menstrual y cortar las hemorragias nasales), amapola (facilita el sueño y calma la tos), viborera o lengua de vaca (sudorífica y diurética), borraja (comestible, sudorífica y diurética), verrucaria (febrífugo y contra las verrugas), llantén o plantago (emoliente, descongestionante y diurético), abrótano hembra (antiséptico, cicatrizante y vermicida), caléndula (contra las quemaduras y picaduras de insectos), artemisa (propiedades ginecológicas), diente de león (contra la anemia y la cirrosis), cola de caballo (diurética, utilizada también como lija y estropajo) y marrubio (digestivo y expectorante).

Existen también amplias extensiones dedicadas a cultivos leñosos, principalmente olivo, junto con almendros. El uso principal del olivo, uno de los árboles más longevos que se cultivan en Europa, es para la obtención de aceite y aceituna de mesa. Su madera, procedente de la poda, se utiliza como combustible y para obtener carbón y sus hojas tienen propiedades febrífugas y tónicas. Asociados a la actividad agrícola, para el aprovechamiento de sus frutos, tenemos también: cerezo (su madera es utilizada en ebanistería, tornería y construcción de instrumentos musicales), granado (utilizado contra los parásitos intestinales), vid, higuera, membrillo (también como patrón de otros frutales), caqui (como ornamental, su fruto es utilizado como astringente), y nogal (su madera es muy apreciada en ebanistería y su hojas se utilizan con propiedades medicinales).

Entre los cultivos tradicionales destacaba la morera, para alimentar los gusanos de seda que abastecían la industria de estos tejidos en Granada. Así mismo se podían encontrar numerosos avellanos en el valle Valparaíso, de los que además de aprovechar su fruto se utilizaban las ramas para elaborar cestos y guías para ganado o en marquetería y en la fabricación de cajas y baúles, pero no es útil como leña. De gran valor, a lo largo del río Darro también se suceden las huertas dedicadas a cultivos de regadío. Tradicionalmente, además de las hortalizas propias para el consumo familiar, se daba el cultivo de flores para su comercialización. Por otra parte hay todavía en la zona algunos terrenos dedicados a la siembra de cereal (trigo, cebada o leguminosas), ya que la mayoría de ellos, por rentabilidad coyuntural, fueron sustituidos por los cultivos leñosos. También se da la situación contraria, en la que terrenos donde se plantaron olivos se han naturalizado o están en proceso.

Respecto a la fauna, aunque su función como alimento humano no sea la más representativa, la caza para este y otros fines siempre ha sido una actividad bastante extendida. Entre las aves y mamíferos de la zona nos encontramos ciertas especies valoradas por su interés cinegético. Aves como el zorzal charlo, urraca, zorzal común, tórtola común, perdiz roja y paloma torcaz. Y entre los mamíferos más apreciados para cazar hallamos: jabalí, zorro común (puede vivir en granjas y campos de cultivo sin que se advierta su presencia, reportando beneficios como el control de poblaciones de roedores), liebre ibérica (endémica de la península), cabra montés y conejo de monte. También tiene lugar la explotación tradicional de colmenas, así como la pesca, especialmente de truchas, que podíamos encontrar, al menos hasta mediados de los noventa, en las aguas del río Darro.

Por otra parte tenemos las especies relacionadas con la actividad agraria de la zona. Como animales de carga se han utilizado tradicionalmente el mulo (de gran resistencia y longevidad) y el asno (que servía también para la cría de mulas), aunque en la actualidad, con la mecanización de la agricultura, ha descendido notablemente su población. Uno de los mamíferos domesticados más comunes es el cerdo, al garantizar, tras “la matanza”, la mayor parte de las provisiones de carne de una familia. También se aprovechaban de él la piel (cuero) para hacer maletas, calzado y guantes, y las cerdas, para confeccionar cepillos. La ganadería de la zona se sustentaba principalmente en los pastos de los alrededores. Los rebaños solían ser de ganado cabrío, lanar o vacuno, y aún quedan algunas piaras que siguen pastando en los montes de los alrededores, además de ejemplares que forman parte de la economía familiar en las zonas rurales. El principal aprovechamiento es la producción de leche, aunque también se vende la carne de los cabritos o corderos. Esta actividad tiene a su vez un aprovechamiento importante como es la producción de estiércol.

Podemos observar también diversas especies protegidas, de las que está prohibida su captura o tenencia en cautividad: En la orillas de las acequias y ríos, en tierras de cultivo y vertederos, en terrenos rocosos o en las zonas de bosque podemos ver gran variedad de aves, entre las que destacamos: cernícalo vulgar, gavilán, mochuelo, lechuza común, autillo, abejaruco, mirlo común, ruiseñor, cuco común, vencejo común, golondrina común, gorrión común (introducido para controlar las poblaciones de insectos), lavandera y águila perdicera. Podemos encontrar también águila culebrera o real, aunque las alteraciones en su hábitat amenazan su supervivencia, ya que necesitan un territorio extenso para prosperar; y búho real, que se ha adaptado a la caza de roedores en vertederos próximos y ha disminuido su población a causa de atropellos y choques con tendidos eléctricos. Este medio propicia también la vida de numerosas especies de mamíferos: gineta, tejón, turón (considerado como especie en peligro de extinción), garduña, ardilla, comadreja, murciélagos, rata de agua, común y negra, ratón de campo y común y musgaño de cabrera (neomys anomalus) incluido como especie en peligro en el libro rojo de los vertebrados amenazados.

La población de anfibios se ha visto mermada por la eliminación de los puntos de reproducción, la desaparición de fuentes, charcas y arroyos y su canalización, y la contaminación de acuíferos por el empleo de productos químicos en la agricultura. Los ejemplares más característicos son: rana común, sapo común y sapo corredor. Algunos de los reptiles que se hallan en este lugar aparecen catalogados como de riesgo menor (casi amenazados) en el libro rojo de especies en peligro de Andalucía. Estos son la culebra de cogulla (macroprotodon brevis) y la de collar (natrix natrix). Otros reptiles que pueblan la zona son: culebrilla ciega, lagarto ocelado, lagartija ibérica, salamanquesa común y culebra de escalera. Completan la fauna muchas especies de invertebrados.

BEBEMOS...

La red hidrográfica del este de Granada está dominada por las cuencas de los ríos Genil, Darro y Beiro, así como otros de menor caudal; y numerosas fuentes, barrancos y arroyos, como el del Hornillo, que nutren sus cauces.

El Genil nace en la cara norte del pico del Mulhacén, en Güéjar Sierra, y sus aguas son captadas para regadío al entrar en Granada a través del sistema hidráulico establecido durante la época musulmana. Tras la pérdida de la red de abastecimiento tradicional, gran parte del aprovisionamiento urbano de Granada procede también de este río, cuyas aguas son bombeadas hasta El Fargue.

El río Darro, cuyo nombre parece derivar de la expresión d’auro (de oro) por sus yacimientos sedimentarios de este metal precioso (hasta mediados del siglo XX se podía encontrar gente cribando la arena), tiene su origen en el Parque Natural de la Sierra de Huétor, en la Fuente de la Teja, desde donde abastece en parte a la población de Huétor Santillán. Tras unírsele el río Beas, sigue su camino hacia el Sur hasta un punto, a los pies del llano de la Perdiz, en Jesús del Valle, donde su cauce sufre un espectacular giro de casi noventa grados hacia el oeste. Después de unos cuatro kilómetros, el río se introduce de lleno en el Sacromonte, donde forma un profundo valle y desemboca en el Genil, dentro del casco urbano. Es un río pequeño pero de caudal constante, manteniendo su nivel medio incluso en épocas de gran sequía.

El Beiro es un pequeño río afluente que nace en la sierra de la Alfaguara (Víznar), discurre soterrado bajo la ciudad y desemboca en el Genil. Su caudal es inestable y muy escaso, y se ha visto perjudicado en varias ocasiones por vertidos procedentes de las instalaciones de la fábrica de pólvoras de El Farque. También se vio afectado por el antiguo vertedero de la carretera de Víznar, que servía a toda la capital, aunque éste fue clausurado durante la década de los noventa.

Para poder aprovechar estos caudales y cubrir las necesidades de consumo humano, para el ganado, regadío o fuerza motor, se fue trazando una amplia red de acequias, la mayoría de origen romano o árabe, que canalizan estas aguas; como la Acequia del Candil, la Acequia Real o la Acequia Aynadamar.

Del río Aguas Blancas, poco antes de su desembocadura en el Genil, arranca la Acequia del Candil. Abastece a Cenes, riega la parte superior de la falda de la carretera de la Sierra y entra en la ciudad, por encima de la Acequia Gorda, hacia el Barranco del Abogado. De la Acequia Gorda derivan varias hijuelas que se distribuyen por la ciudad y alrededores para cubrir las necesidades de la población. Cenes disponía también de dos acequias para el riego de sus tierras: la acequia Alta, para uso exclusivo de sus habitantes, que tomaba el agua del río Aguas Blancas; y la acequia Baja, que tomaba el agua del río Genil, compartiendo su uso con Granada.

La Acequia Real capta el agua del río Darro un poco más arriba de un molino hidráulico harinero, cuyo mecanismo movía. Cruza el río a través de un pequeño acueducto, ganando poco a poco altura con relación al río, al que acompaña por la ladera del Cerro del Sol, partiéndose en dos, hasta alcanzar la Alhambra y el Generalife y aportando gran parte del suministro a esta colina. Del río Darro salen además otros canales. Como la acequia de la Ciudad, que parte desde Jesús del Valle para dividirse en el Sacromonte en dos ramales. Por la margen izquierda discurre la acequia de Santa Ana, y por la derecha del río la acequia de San Juan que, utilizada para riego de huertas en el Sacromonte, cruza la cuesta del Chapiz y sigue por San Juan de los Reyes.

La función principal de la Acequia Aynadamar era la de abastecer los aljibes de la ciudad de Granada (y las villas cercanas), aunque alternaba este uso con el de riego. Nace en la Fuente Grande (o fuente de las Lágrimas), en Alfacar. Aún hoy se utiliza, aunque solamente el tramo que llega hasta El Fargue, habiéndose perdido el resto.

Actualmente se conserva también parte de la estructura del Canal de los Franceses, construido en el siglo XIX, como Las Torres, que son los pilares que sostenían la canalización, o el Puente de Línea, que era un acueducto. Se utilizaba para conducir el agua del nacimiento del río Aguas Blancas al Cerro del Oro, entre Cenes de la Vega y Lancha del Genil, para lavar el oro que de allí se extraía. Hasta hace poco tiempo abastecía de agua al municipio de Dúdar.

Antes de la llegada de la electricidad a Granada, a finales del siglo XIX, todas las industrias tenían que utilizar el agua de ríos y acequias como fuerza motriz. Por ello, los cursos de ambos aparecen jalonados de instalaciones, como molinos y batanes, para la fabricación de harina de trigo, aceite o papel, para el curtido del cuero, para trabajos de fundición o para aserrar maderas, hilar seda, teñir hilos y fabricar paños y mantas.

Y RESPIRAMOS...

Amenazas urbanísticas

La Ronda Este Metropolitana se proyecta como una nueva autovía entre los extremos de la primera circunvalación, por el lado este de Granada, desde Cenes de la Vega hasta Jun. Atravesaría la Dehesa del Generalife, Jesús del Valle, el valle del río Darro, las serranías de El Fargue y el río Beiro. De manera complementaria, se planifica la duplicación de la calzada de la Carretera de la Sierra (A-395), desde los túneles del Serrallo hasta Cenes de la Vega por el valle del río Genil.

Estos proyectos, que ya están aprobados por la Junta de Andalucía y cuyos detalles se están estudiando actualmente, dicen responder a un “interés general“, y proporcionar, supuestamente, una solución al problema del tráfico en Granada.

Desde la Asamblea contra la Ronda Este cuestionamos ese “interés general” y el quién, cómo y sobre la base de qué “intereses” decide sobre estas cuestiones, ya que consideramos que la construcción de la Ronda Este Metropolitana y duplicación de la calzada de la Carretera de la Sierra no sólo tendrían un alto costo económico, sino, sobre todo, consecuencias ecológicas y sociales desastrosas.

Las implicaciones de estas nuevas infraestructuras irían más allá de sus efectos sobre el territorio inmediatamente afectado por su trazado. Se favorecería la ampliación de todas las carreteras conectadas y la construcción de nuevas carreteras allá donde no las había. Abrirían, a la vez, la puerta a la especulación urbanística en los territorios afectados, lo que se traduciría en la construcción de nuevas zonas residenciales innecesarias; más casas que no corresponden a las necesidades reales de vivienda de la población, sino a intereses económicos.

Con la Ronda Este Metropolitana y la duplicación de la calzada de la Carretera de la Sierra no se proporcionaría una solución real al problema del tráfico inherente a la ciudad, sino que supondría su traslado a esta zona. Con ello, se extendería el Área Metropolitana, destruyendo tanto los entornos naturales como el tejido social existente.

Al ampliar el sistema viario de la zona norte-este-sur, los pueblos y territorios de la zona quedarían forzosamente integrados en el área metropolitana. Sus modos de vida se transformarían profundamente; la forma de vida que se impone es la de una zona residencial periférica urbana que sirve de dormitorio a la ciudad, sin tener tejido social propio, donde la gente no vive sino que llega a dormir.

Mientras que los pueblos pierden su carácter rural, la ciudad se vuelve cada vez más dispersa. Las distancias que hay que recorrer a diario, ya sea para llegar al centro o para salir de la ciudad, aumentan. Correspondiendo a este modelo de ciudad dispersa, la construcción de la Ronda Este Metropolitana y la duplicación de la calzada de la Carretera de la Sierra promovería todavía más el uso de automóvil, basado en la explotación de la energía fósil del petróleo. El ejemplo manifiesto de otras áreas metropolitanas nos dice que más carreteras conducen a más coches. La problemática del tráfico es construida por la ordenación del territorio, impuesta por aquellos que dicen querer solucionarlo.

Todo esto implica que las consecuencias derivadas de la construcción de estas grandes infraestructuras dejará una huella ecológica de grandes proporciones, debido a que se hará necesario obtener muchos recursos (rocas y minerales, grandes cantidades de agua, combustibles…) que, a su vez, generan residuos contaminantes. Todo esto dará lugar a la destrucción de espacios naturales creando, aún más, un modo de vida insostenible en el lugar que habitamos y en sus alrededores.

El debate sobre estos proyectos no es fundamentalmente un debate técnico sobre las características de los mismos, ni un debate sobre las alternativas a presentar. El debate esencial en relación a estos proyectos, que determinarán la ordenación del territorio donde nos encontramos, es un debate sobre quién y cómo se decide. Es necesario crear espacios donde los habitantes de Granada y de los pueblos amenazadas se encuentren, debatan y se organicen. Desde la asamblea contra la Ronda Este apostamos por crear un tejido organizativo para luchar en contra de estas nuevas grandes infraestructuras y sus implicaciones.


Territorios y pueblos amenazados directamente por el trazado de la Ronda Este y el desdoblamiento de la calzada de la Carretera de la Sierra

  • La duplicación de calzada de la Carretera de la Sierra (A-395) acabará por urbanizar completamente el ya deteriorado valle del río Genil cercano a Sierra Nevada. Destruirá todos los montes a su paso, aumentando el acoso urbano a las faldas de la Sierra. Acabará con suelo agrícola, el modo de vida de centenares de personas. Incentivará la consumación de la conurbación Granada – Lanchas del Genil – Cenes de la Vega – Pinos Genil, promoviendo la especulación urbanística. Deteriorará profundamente el Paseo de la Fuente de la Bicha.
  • La Ronda Este Metropolitana atravesará el valle del río Darro y los entornos naturales de Jesús del Valle. En su trayecto los desmontes necesarios para construirla, que alcanzan en algunos puntos verdaderos despropósitos de 70 metros de alto, aumentarán el impacto ecológico y el gasto económico del proyecto.
  • La conexión de la Ronda Este Metropolitana con la carretera de El Fargue (A-4002) facilitará el crecimiento urbanístico planificado en el PGOU de Granada entre El Fargue y la capital: más de 5.500 viviendas.


Territorios y pueblos amenazados por las infraestructuras que conllevará la Ronda Este y el desdoblamiento de la Calzada de la Carretera de la Sierra:

  • La conexión de una Carretera de la Sierra convertida en autovía (A-395) con la carretera dirección Dúdar – Quéntar (A-4026), promoverá la ampliación de esta última, destruyendo el valle del río Aguas Blancas y amenazando a estos pueblos con un crecimiento urbanístico especulativo. Ya se estudia, por otro lado, ampliar la conexión de Quéntar, pasando por Beas de Granada, con la A-92.
  • La conexión de la Ronda Este Metropolitana con la carretera de El Fargue (A-4002) y con la carretera de la Abadía, incentivará la ampliación de ambas, amenazando urbanísticamente al Sacromonte y a Huétor Santillán. Por lo tanto, además del ya citado crecimiento urbanístico planificado en El Fargue, todos los territorios periféricos se verán amenazados mediante carreteras y crecimiento residencial.
  • La conexión de la Ronda Este Metropolitana con las carreteras de Víznar (GR-3102), con el Distribuidor Norte y con la conexión Jun – A-92 impulsará la ampliación de la primera, cuyo desarrollo está ligado a la construcción de las dos últimas. Con todas estas carreteras, se fomentará el ya desmedido crecimiento urbanístico de Jun y se facilitará el ya citado crecimiento residencial planificado entre la carretera de Víznar y El Fargue, dirigiendo definitivamente la extensión urbanística hacia Víznar y Alfacar. De este modo, la Sierra de Huétor, ya taladrada por numerosas canteras, se verá alcanzada por el Área Metropolitana de Granada



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