Caminos del este
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Introducción
Ante la galopante urbanización y construcción de infraestructuras para el transporte, el desaparecido colectivo Granada Vía Verde propuso la elaboración de la Guía de Caminos. Propuesta que surgió después de tres años de excursiones por el territorio y tras el análisis crítico sobre la expansión urbanística, sus infraestructuras de transporte asociadas y algunas de sus consecuencias (el sometimiento del entorno a la lógica del tráfico y la dependencia estructural al transporte motorizado para personas y mercancías). Al mismo tiempo, sobre el transporte sostenible y las habituales alternativas de “mejora y eficacia” para el transporte en el área metropolitana (normalmente planteadas por los colectivos ciclistas, ecologistas y por la propia administración). Este análisis quedó recogido en los siguientes documentos:
- Sometimiento del entorno a la lógica del tráfico
- Crecimiento económico, crecimiento urbanístico, crecimiento del transporte y sus infraestructuras
- Semana de la movilidad: ¿transporte o cercanía?
- Invitación a los colectivos ciclistas: reflexión acerca de sus reivindicaciones
- Acerca del transporte público
- La falsa seguridad del carril bici urbano
- Acerca de la pacificación del tráfico
La guía de caminos no se plantea como una solución para los desplazamientos cotidianos de la población, pretenderlo no sería más que pura ficción, dado el modo de vida ligado a la metropolización. El objetivo no solo es elaborar la guía de caminos, sino que en su proceso de elaboración se cree un vínculo de unión entre las diferentes asambleas, grupos de trabajo, individuos, colectivos, etc… cuyos esfuerzos estén orientados a parar las grandes infraestructuras de transporte y la expansión urbanística. De forma que durante el proceso de elaboración en común, así como, una vez acabada la guía, si se estima oportuno, puedan surgir actividades coordinadas en torno a la temática en los diferentes caminos afectados por estos procesos urbanísticos.
Esta guía de caminos al uso, especialmente la edición que estamos presentando con los caminos del Este de Granada, se encuentra directamente relacionada con la lucha que se está llevando a cabo en la ciudad en defensa del territorio y contra las grandes infraestructuras del transporte motorizado. Dada la delimitación del área escogida, nos referimos concretamente al trabajo que se realiza por los territorios amenazados por el Cierre de la Circunvalación de Granada, a través de la Caravana contra el Cierre de la Circunvalación de Granada, primer paso para la constitución de la Asamblea General contra el Cierre de la Circunvalación de Granada en la que participan a nivel federativo la Asamblea contra la destrucción del Monte del Loro, la Asamblea contra la destrucción de la Fuente de la Bicha y personas a título individual.
Siguiendo con la estrategia que promulgan estas asambleas, basada en la regeneración de espacios amenazados para su uso colectivo, esta guía tiene como objetivo servir de herramienta para la puesta en valor y recuperación de los caminos que antiguamente servían para conectar los pueblos de la considerada Área Metropolitana de Granada y sus entornos naturales. Se busca fomentar el uso respetuoso de estos espacios para experimentar sobre el terreno las magníficas especificidades con las que cuenta este singular territorio. Esta herramienta política se basa en que el conocimiento sobre el terreno permite a los usuarios del mismo generar el arraigo suficiente como para querer defenderlo contra las amenazas que lo acechan.
DOCUMENTO COMPLETO, DESCARGABLE EN PDF, PARA IMPRIMIR EN FORMATO LIBRETO: Imagen:Guiacaminoseste.pdf
Mapa
Descripción de los caminos
- Granada - Cenes de la Vega - Pinos Genil (Paseo de la Fuente de la Bicha)
- Quéntar - Dúdar - Urbanización Aguas Blancas - Pinos Genil
- Güéjar Sierra - Pinos Genil
- Dúdar - Jesús del Valle - Granada
- Granada – Lancha Genil - Cenes de la Vega - Pinos Genil (por lo alto del valle del río Genil)
- Alfacar - Víznar - El Fargue - Granada (acequia Aynadamar)
- El Fargue - Jesús del Valle - Granada
- Quéntar - Beas - Huétor Santillán - El Fargue
- Güéjar Sierra - Quéntar
- Granada - Beas (vereda del Barranco del Abogado y cordel del collado de Puerto Blanco)
- Beas - Jesús del Valle - Granada
- Huétor Santillán - Víznar
- Granada - Jun - Alfacar
Amenazas urbanísticas
- Descripción de la expansión y renovación urbana
- Territorio, lazos sociales y modelo de desarrollo
- Conflictos y respuestas: herramientas de lucha
Descripción del entorno
El entorno donde se sitúa la ciudad de Granada ha ido siendo absorbido por ésta a lo largo de los siglos, y de manera acentuada en las últimas décadas. Pareciese como que lo que se extiende más allá de los límites de la urbe solo fueran metros cuadrados de terreno a la espera de ser engullidos por la lengua de asfalto, ya sea para ampliar los núcleos urbanos o para conectarlos entre sí. Pero cuando hablamos de entorno natural queremos ser conscientes de que se trata de ecosistemas complejos con unas características determinadas, y compuestos por seres vivos y las interacciones que se dan entre ellos. Aunque consideramos que, más importantes incluso que estas relaciones, son las que se establecen entre este medio y las gentes que lo habitan y disfrutan, porque es donde se mueven, viven, comen, beben y respiran; y sobretodo le dan vida porque son conscientes de su interdependencia. Es por esto que cuando las personas se ven desprovistas de estos vínculos fundamentales el entorno pasa a ser un mero espacio de tránsito, recreo o contemplación, alejado de cualquier conexión real.
Partiendo de esta idea, es desde donde queremos acercarnos a conocer cual es el entorno que se ve afectado por la proyección de la Ronda Este Metropolitana y el desarrollo urbanístico que conlleva. Para ello, aunque sea de forma muy parcial, daremos algunas ideas sobre los usos tradicionales del terreno y la vegetación asociada, así como una aproximación a la fauna que encontramos. Porque entendemos que valorar algo pasa necesariamente por conocerlo.
NOS MOVEMOS...
Desde Granada, y hacia el este, parten desde antiguo diversos caminos que se dispersan para conectar la ciudad con otros puntos de la geografía. Quizá uno de los más transitados fuese el que llevaba a Guadix. Este itinerario parte desde el propio Camino de Beas, para dirigirse al pueblo de Huétor Santillán, atravesando antes Beas de Granada, que nació ya en época romana siendo lugar de paso de comerciantes (su nombre de hecho significa “camino”). Hasta Dúdar llega otro sendero que comienza en Beas de Granada y corre paralelo al arroyo Belén, pasando por el Cortijo de Belén, Llano de la Perdiz y Jesús del Valle hasta llegar a Granada (en él aún se sigue celebrando una romería). Por Cenes de la Vega pasa a su vez la ruta conocida como Camino Real, que unía Almería con Granada por tierras del interior y que fue una de las vías de comunicación más antiguas de Al-Andalus.
Para el traslado de ganado atraviesan también esta zona varias vías pecuarias: la vereda del Barranco del Abogado y la de la Cuesta de Cantalobos; la colada del Fargue, que sale desde el Llano de la Perdiz y cruza el río Darro hasta llegar a El Fargue, para luego volver a Granada por el cerro de San Miguel; o el cordel de la Fuente Grande, que discurre en paralelo al río Beiro.
VIVIMOS...
Es ampliamente conocido el uso de cuevas como alojamiento por los habitantes del barrio más al este de la ciudad, el Sacromonte. Pero esta tipología se extiende también a otros pueblos de la zona. Como Cenes, donde existen asentamientos en cuevas practicadas en las medias laderas de los barrancos. O Dúdar, en donde en las laderas de los cerros que rodean al pueblo, iniciales huecos que servían de refugio al ganado, se fueron habilitando como viviendas y, aunque llegados los años sesenta se abandonaron, actualmente se conserva el original uso como cuadras. Aprovechamiento también muy común a lo largo de los montes del entorno.
COMEMOS...
Aunque la recolección de frutos, setas y plantas aromáticas y medicinales es sin duda uno de los principales beneficios que podemos obtener del entorno, la vegetación propia de la zona aporta también combustible (leña), madera para construcciones o ebanistería, pastos y fibras vegetales (de sauces, cañas y esparto).
El bosque mediterráneo es la formación primitiva de la zona, que se ha ido viendo reducido desde los época romana con el florecimiento de la agricultura o más recientemente por la deforestación para la construcción de barcos y obtención de leña. Las especies propias de la vegetación arbórea son: encina (la bellota se emplea en la alimentación humana asadas o para elaborar pan y como alimento del ganado porcino, su corteza se ha utilizado para curtir cueros y su madera es excelente para fabricar carbón y como leña), quejigo (con aprovechamientos similares a la encina), coscoja (su madera para leña o picón, su corteza para curtir cueros y como astringente, y también se utiliza una cochinilla que se cría en ellas para obtener el tinte rojo carmesí, muy apreciado en época romana), castaño (la castaña también es consumida por el ganado y la caza; y su madera, parecida a la del roble, su usa en carpintería).
Sin embargo, la masa forestal que predomina en esta zona procede de repoblaciones con especies de coníferas de crecimiento rápido: pino laricio, pino pinaster (su madera se utiliza para tablones, traviesas de ferrocarril y cajas, sus piñas para encender fuegos en las viviendas, y las resinas para obtener aguarrás), pino silvestre (su madera es apreciada en ebanistería, carpintería, construcción y fabricación de barcos), pino carrasco (de su resina se obtiene trementina, la corteza se utiliza para curtir y su madera para traviesas de ferrocarril y cajas), pino piñonero (además de proporcionar piñones, sus tallos tiernos tienen propiedades balsámicas), pinsapo, cedro de Atlántida, del Líbano y del Himalaya (sus maderas son empleadas en construcciones y para traviesas de ferrocarril), ciprés de los cementerios (para la construcción de barcos), ciprés de Arizona (su madera es excelente para la construcción de guitarras) y ciprés macrocarpa (utilizado en jardinería).
La vegetación arbustiva y de matorral se encuentra dominada por: enebro común (de la destilación de sus frutos se obtiene la ginebra y sus frutos tienen propiedades medicinales, también se utiliza para la fabricación de barniz de escribir), sabina negral (muy apreciada en carpintería y ebanistería), espino majuelo (como patrón para injertar perales y nísperos, melífera y sedante, con una madera muy dura), endrino (sus flores tienen propiedades laxantes y su fruto astringentes), madroño (la corteza y las hojas se emplean para teñir), retama negra (diurética), retama sphareocarpa (de leña dura y resistente, sus ramas y flores tiene propiedades diuréticas y laxantes, y a los nódulos de sus raíces se les atribuyen propiedades medicinales), madreselva (ornamental), serbal común (proporciona frutos comestibles y madera), mostajo (fruto con propiedades expectorantes y madera utilizada para mangos de herramientas), durillo (con propiedades medicinales, está recogido como especie vulnerable en el libro rojo de la flora silvestre amenazada), cerezo de Santa Lucía (utilizado como patrón de cerezo, de sus ramas jóvenes se fabrican pipas de fumar, su madera es apreciada en marquetería y ebanistería y de los frutos se obtiene un colorante), jaguarzo (proporciona leña, muy apropiada para los hornos de pan), aulaga (como leña para hornos y para teñir de amarillo la lana evitando que sea atacada por polillas), esparraguera (asociada también al olivar), esparto (las fibras de las hojas se utilizan para elaborar papel, canastas, cuerdas, alpargatas, esteras, sombrillas...), gayomba o retama de olor (con propiedades medicinales, de ella se obtienen hilos, cuerdas y telas; también se utilizaba para cestería, como tinte y perfume), gayuba (diurética) y jaras.
Asociadas a los márgenes de los caminos y terrenos baldíos, aparecen plantas como lechetrezna (antiguamente usada para eliminar callos y verrugas, y la semilla y la raíz como laxante), y trébol o higueruela (utilizada como cicatrizante y para teñir de azul las fibras). Nos encontramos también con especies características introducidas para evitar la erosión del terreno: pita (para la obtención de fibras con las que fabricar cuerdas y tejidos bastos, las hojas para alimentar al ganado o para lavar la ropa de luto, y su madera con múltiples fines) o chumbera (los chumbos se usan como antidiarreico y las palas como alimento para el ganado y como cataplasma contra el dolor).
En los barrancos o arroyos y en las riberas de los cauces que cruzan la zona podemos distinguir: sauce cambruno (su corteza se utiliza como febrífugo y las ramas como alimento para el ganado cabrío en ramoneo), mimbrera (las ramas jóvenes para trabajos de cestería y la madera para mondadientes, cerillas o para afilar cuchillos), olmo (su madera es apreciada para la construcción naval, postes y antiguamente para conducciones de agua; y las hojas como alimento para el ganado), álamo blanco (su madera se utiliza en pavimentos y para fabricar papel), chopo común (el uso principal de su madera es para tablones, cajas y pasta de papel; las ramas como alimento para el ganado; y las yemas con propósitos medicinales) y zarza (el fruto es comestible y sirve para teñir lana, y los tallos para alimentar al ganado).
Hay una franja, a lo largo del barranco del Teatino, donde predomina la flora asociada a condiciones extremas de suelo y humedad (rupícola). Esta vegetación está dominada por líquenes y musgos, aunque también podemos encontrar zamarrilla, culantrillo de pozo, alfileres de monja, matagallo (usado para lavar utensilios), rosal silvestre, nardos, orquídeas, torvizco, zarzaparrilla, garbancillo, alcaparra (también la encontramos en olivares) u oreja de liebre (utilizada como mecha para los candiles).
Uno de los beneficios que nos reporta el entorno es la obtención de numerosas plantas aromáticas y medicinales ampliamente conocidas: espliego o alhucema (para la elaboración de perfumes y vinagre, como calmante y antiséptico y para ahuyentar insectos y polillas), zamarrilla blanca (tónica, estimulante y diurética, para el reuma y las mordeduras de serpientes), salvia (bactericida, cicatrizante, antidiarreica y para regular la menstruación), romero (estimulante, antiespasmódico y diurético), crujía (se prepara un ungüento, junto con zahareña y raíz de palomino, para curar las heridas de los animales de carga), ruda (reumática, sudorífica y abortiva), zahareña (digestiva y antiinflamatoria), tomillo común y aceitunero (tónico, digestivo y antiséptico), mejorana (tónico estomacal, como condimento y para obtener perfume; excelente para la obtención de miel junto con espliego, romero y tomillos), malva (calma la tos), ruqueta (estimulante y diurética), jaramago (para combatir ronquera, catarros y tos), bolsa de pastor (para regular el flujo menstrual y cortar las hemorragias nasales), amapola (facilita el sueño y calma la tos), viborera o lengua de vaca (sudorífica y diurética), borraja (comestible, sudorífica y diurética), verrucaria (febrífugo y contra las verrugas), llantén o plantago (emoliente, descongestionante y diurético), abrótano hembra (antiséptico, cicatrizante y vermicida), caléndula (contra las quemaduras y picaduras de insectos), artemisa (propiedades ginecológicas), diente de león (contra la anemia y la cirrosis), cola de caballo (diurética, utilizada también como lija y estropajo) y marrubio (digestivo y expectorante).
Existen también amplias extensiones dedicadas a cultivos leñosos, principalmente olivo, junto con almendros. El uso principal del olivo, uno de los árboles más longevos que se cultivan en Europa, es para la obtención de aceite y aceituna de mesa. Su madera, procedente de la poda, se utiliza como combustible y para obtener carbón y sus hojas tienen propiedades febrífugas y tónicas. Asociados a la actividad agrícola, para el aprovechamiento de sus frutos, tenemos también: cerezo (su madera es utilizada en ebanistería, tornería y construcción de instrumentos musicales), granado (utilizado contra los parásitos intestinales), vid, higuera, membrillo (también como patrón de otros frutales), caqui (como ornamental, su fruto es utilizado como astringente), y nogal (su madera es muy apreciada en ebanistería y su hojas se utilizan con propiedades medicinales).
Entre los cultivos tradicionales destacaba la morera, para alimentar los gusanos de seda que abastecían la industria de estos tejidos en Granada. Así mismo se podían encontrar numerosos avellanos en el valle Valparaíso, de los que además de aprovechar su fruto se utilizaban las ramas para elaborar cestos y guías para ganado o en marquetería y en la fabricación de cajas y baúles, pero no es útil como leña. De gran valor, a lo largo del río Darro también se suceden las huertas dedicadas a cultivos de regadío. Tradicionalmente, además de las hortalizas propias para el consumo familiar, se daba el cultivo de flores para su comercialización. Por otra parte hay todavía en la zona algunos terrenos dedicados a la siembra de cereal (trigo, cebada o leguminosas), ya que la mayoría de ellos, por rentabilidad coyuntural, fueron sustituidos por los cultivos leñosos. También se da la situación contraria, en la que terrenos donde se plantaron olivos se han naturalizado o están en proceso.
Respecto a la fauna, aunque su función como alimento humano no sea la más representativa, la caza para este y otros fines siempre ha sido una actividad bastante extendida. Entre las aves y mamíferos de la zona nos encontramos ciertas especies valoradas por su interés cinegético. Aves como el zorzal charlo, urraca, zorzal común, tórtola común, perdiz roja y paloma torcaz. Y entre los mamíferos más apreciados para cazar hallamos: jabalí, zorro común (puede vivir en granjas y campos de cultivo sin que se advierta su presencia, reportando beneficios como el control de poblaciones de roedores), liebre ibérica (endémica de la península), cabra montés y conejo de monte. También tiene lugar la explotación tradicional de colmenas, así como la pesca, especialmente de truchas, que podíamos encontrar, al menos hasta mediados de los noventa, en las aguas del río Darro.
Por otra parte tenemos las especies relacionadas con la actividad agraria de la zona. Como animales de carga se han utilizado tradicionalmente el mulo (de gran resistencia y longevidad) y el asno (que servía también para la cría de mulas), aunque en la actualidad, con la mecanización de la agricultura, ha descendido notablemente su población. Uno de los mamíferos domesticados más comunes es el cerdo, al garantizar, tras “la matanza”, la mayor parte de las provisiones de carne de una familia. También se aprovechaban de él la piel (cuero) para hacer maletas, calzado y guantes, y las cerdas, para confeccionar cepillos. La ganadería de la zona se sustentaba principalmente en los pastos de los alrededores. Los rebaños solían ser de ganado cabrío, lanar o vacuno, y aún quedan algunas piaras que siguen pastando en los montes de los alrededores, además de ejemplares que forman parte de la economía familiar en las zonas rurales. El principal aprovechamiento es la producción de leche, aunque también se vende la carne de los cabritos o corderos. Esta actividad tiene a su vez un aprovechamiento importante como es la producción de estiércol.
Podemos observar también diversas especies protegidas, de las que está prohibida su captura o tenencia en cautividad: En la orillas de las acequias y ríos, en tierras de cultivo y vertederos, en terrenos rocosos o en las zonas de bosque podemos ver gran variedad de aves, entre las que destacamos: cernícalo vulgar, gavilán, mochuelo, lechuza común, autillo, abejaruco, mirlo común, ruiseñor, cuco común, vencejo común, golondrina común, gorrión común (introducido para controlar las poblaciones de insectos), lavandera y águila perdicera. Podemos encontrar también águila culebrera o real, aunque las alteraciones en su hábitat amenazan su supervivencia, ya que necesitan un territorio extenso para prosperar; y búho real, que se ha adaptado a la caza de roedores en vertederos próximos y ha disminuido su población a causa de atropellos y choques con tendidos eléctricos. Este medio propicia también la vida de numerosas especies de mamíferos: gineta, tejón, turón (considerado como especie en peligro de extinción), garduña, ardilla, comadreja, murciélagos, rata de agua, común y negra, ratón de campo y común y musgaño de cabrera (neomys anomalus) incluido como especie en peligro en el libro rojo de los vertebrados amenazados.
La población de anfibios se ha visto mermada por la eliminación de los puntos de reproducción, la desaparición de fuentes, charcas y arroyos y su canalización, y la contaminación de acuíferos por el empleo de productos químicos en la agricultura. Los ejemplares más característicos son: rana común, sapo común y sapo corredor. Algunos de los reptiles que se hallan en este lugar aparecen catalogados como de riesgo menor (casi amenazados) en el libro rojo de especies en peligro de Andalucía. Estos son la culebra de cogulla (macroprotodon brevis) y la de collar (natrix natrix). Otros reptiles que pueblan la zona son: culebrilla ciega, lagarto ocelado, lagartija ibérica, salamanquesa común y culebra de escalera. Completan la fauna muchas especies de invertebrados.
BEBEMOS...
La red hidrográfica del este de Granada está dominada por las cuencas de los ríos Genil, Darro y Beiro, así como otros de menor caudal; y numerosas fuentes, barrancos y arroyos, como el del Hornillo, que nutren sus cauces.
El Genil nace en la cara norte del pico del Mulhacén, en Güéjar Sierra, y sus aguas son captadas para regadío al entrar en Granada a través del sistema hidráulico establecido durante la época musulmana. Tras la pérdida de la red de abastecimiento tradicional, gran parte del aprovisionamiento urbano de Granada procede también de este río, cuyas aguas son bombeadas hasta El Fargue.
El río Darro, cuyo nombre parece derivar de la expresión d’auro (de oro) por sus yacimientos sedimentarios de este metal precioso (hasta mediados del siglo XX se podía encontrar gente cribando la arena), tiene su origen en el Parque Natural de la Sierra de Huétor, en la Fuente de la Teja, desde donde abastece en parte a la población de Huétor Santillán. Tras unírsele el río Beas, sigue su camino hacia el Sur hasta un punto, a los pies del llano de la Perdiz, en Jesús del Valle, donde su cauce sufre un espectacular giro de casi noventa grados hacia el oeste. Después de unos cuatro kilómetros, el río se introduce de lleno en el Sacromonte, donde forma un profundo valle y desemboca en el Genil, dentro del casco urbano. Es un río pequeño pero de caudal constante, manteniendo su nivel medio incluso en épocas de gran sequía.
El Beiro es un pequeño río afluente que nace en la sierra de la Alfaguara (Víznar), discurre soterrado bajo la ciudad y desemboca en el Genil. Su caudal es inestable y muy escaso, y se ha visto perjudicado en varias ocasiones por vertidos procedentes de las instalaciones de la fábrica de pólvoras de El Farque. También se vio afectado por el antiguo vertedero de la carretera de Víznar, que servía a toda la capital, aunque éste fue clausurado durante la década de los noventa.
Para poder aprovechar estos caudales y cubrir las necesidades de consumo humano, para el ganado, regadío o fuerza motor, se fue trazando una amplia red de acequias, la mayoría de origen romano o árabe, que canalizan estas aguas; como la Acequia del Candil, la Acequia Real o la Acequia Aynadamar.
Del río Aguas Blancas, poco antes de su desembocadura en el Genil, arranca la Acequia del Candil. Abastece a Cenes, riega la parte superior de la falda de la carretera de la Sierra y entra en la ciudad, por encima de la Acequia Gorda, hacia el Barranco del Abogado. De la Acequia Gorda derivan varias hijuelas que se distribuyen por la ciudad y alrededores para cubrir las necesidades de la población. Cenes disponía también de dos acequias para el riego de sus tierras: la acequia Alta, para uso exclusivo de sus habitantes, que tomaba el agua del río Aguas Blancas; y la acequia Baja, que tomaba el agua del río Genil, compartiendo su uso con Granada.
La Acequia Real capta el agua del río Darro un poco más arriba de un molino hidráulico harinero, cuyo mecanismo movía. Cruza el río a través de un pequeño acueducto, ganando poco a poco altura con relación al río, al que acompaña por la ladera del Cerro del Sol, partiéndose en dos, hasta alcanzar la Alhambra y el Generalife y aportando gran parte del suministro a esta colina. Del río Darro salen además otros canales. Como la acequia de la Ciudad, que parte desde Jesús del Valle para dividirse en el Sacromonte en dos ramales. Por la margen izquierda discurre la acequia de Santa Ana, y por la derecha del río la acequia de San Juan que, utilizada para riego de huertas en el Sacromonte, cruza la cuesta del Chapiz y sigue por San Juan de los Reyes.
La función principal de la Acequia Aynadamar era la de abastecer los aljibes de la ciudad de Granada (y las villas cercanas), aunque alternaba este uso con el de riego. Nace en la Fuente Grande (o fuente de las Lágrimas), en Alfacar. Aún hoy se utiliza, aunque solamente el tramo que llega hasta El Fargue, habiéndose perdido el resto.
Actualmente se conserva también parte de la estructura del Canal de los Franceses, construido en el siglo XIX, como Las Torres, que son los pilares que sostenían la canalización, o el Puente de Línea, que era un acueducto. Se utilizaba para conducir el agua del nacimiento del río Aguas Blancas al Cerro del Oro, entre Cenes de la Vega y Lancha del Genil, para lavar el oro que de allí se extraía. Hasta hace poco tiempo abastecía de agua al municipio de Dúdar.
Antes de la llegada de la electricidad a Granada, a finales del siglo XIX, todas las industrias tenían que utilizar el agua de ríos y acequias como fuerza motriz. Por ello, los cursos de ambos aparecen jalonados de instalaciones, como molinos y batanes, para la fabricación de harina de trigo, aceite o papel, para el curtido del cuero, para trabajos de fundición o para aserrar maderas, hilar seda, teñir hilos y fabricar paños y mantas.
Y RESPIRAMOS...
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